El Camino de Santiago, algo mas que un viaje.

PRESENTACIÓN

Hola a
tod@s, he aquí mi primer post. Quizás, este viaje a sido para mí uno de los más especiales y en uno en los que más he disfrutado y por eso me veo casi obligado a que sea el que inaugure oficialmente mi web...
Quiero agredecer desde aquí a mi amiga Patricia, (la que me convenció de que fuera al viaje, porque gracias a esta decisión pasé una de las mejores semanas santas de mi vida.)
En este viaje conocí o mejor dicho descubrí personas que conocía poco o nada, grandísimos compañeros de viaje, ( Lázaro, Rocío, Carmen, Laura y Anamari.)

PREPARACIÓN DEL VIAJE.


La verdad que para preparar el viaje al Camino de Santiago, no tuve que andarme con mucho lío. Quizás lo que más me costó encontrar fue la mochila con los litros adecuados, para que tuviera capacidad para una semana pero poco más. Además como íbamos en un viaje organizado por el pueblo no nos tuvimos que preocupar por el transporte de Sevilla a Galicia, ni de Galicia a Sevilla. Por supuesto lo relacionado con conseguir las credenciales del peregrino había sido ya solucionado.
Todo estaba listo, y mis nervios por empezar el Camino estaban apunto de acabar conmigo...

PRIMER DÍA. 23 DE MARZO, 2013.

Casi no llegué a dormir la noche de la salida, aunque no es raro en mí, siempre antes de viajar a cualquier lado esta sensación me acompaña. No serían aún las seis que ya estaba revisando que todo estuviera listo y preparado para a las siete menos cuarto ir a el autobús. Salimos
sobre las siete rumbo a Galicia, comenzaríamos en Tui, ya que hicimos el camino portugués. Durante el camino nos dieron las credenciales, paramos a comer en un área de servicio en Salamanca y paramos en un pequeño pueblo gallego de Ourense en el que aún podía observarse la nieve en la zona más altas de las montañas cercanas al pueblo.
Tras el viaje, que no fue precisamente corto, llegamos a Tui.
Ya estaba bien entrada la tarde cuando bajamos del bus y estaba cayendo una lluvia bastante molesta, que no nos dejaría de acompañar en el resto del camino.
Nos dispusimos a encontrar allí los siete, un lugar para dormir. Fue una tarea un poco complicada, ya que otros muchos peregrinos habían comenzado aquel día y los hostales y albergues de Tui estaban llenos. Fuimos al albergue público de Tui y la "amable" mujer que se encargaba de la recepción nos dijo que no había camas libres, por lo que tuvimos que volver a la calle, a buscar algún albergue.
Buscamos en todos los albergues de Tui, pero nada, no hubo suerte. Estuvimos apunto de dormir en un hostal que nos iba a salir bastante más caro que la media, cuando pasando justo al lado del albergue público de Tui volvimos a preguntar y la mujer de la recepción nos informó que a las nueve de la noche con la que estaba cayendo, un grupo de treinta peregrinos habían dejado el albergue, ( ja ja ja ). Por fin teníamos cama, cenamos y allí encontramos un grupo de tres portugueses que venían de Vila Real, uno de ellos tenía la planta del pie llena de ampollas, y es que la etapa de Vila Real-Tui no es precisamente corta. Subimos a las habitaciones y tras algún ruido, que otro (¿verdad, Patri?) nos fuimos a dormir, ya que el viaje en autobús se nos hizo muy pesado a más de uno...

SEGUNDO DÍA. 24 DE MARZO, 2013.

Nos despertamos muy temprano aquella mañana con las pilas recargadas y muchas ganas de empezar. Teníamos por delante unos 18 km hasta O Porriño, así que nos pusimos a andar. El día amaneció con niebla y una llovizna que calaba bastante sino llevabas el chubasquero. Seguimos las conchas y salimos de Tui, un pueblo que desde mi punto de vista tiene un encanto especial y una catedral que impresiona decir también que mientras estuve allí no dejaba de pensar en la música de anuncio turístico de Galicia, de hacía ya un par de años. La etapa no se me hizo para nada pesada, aún con los kilos de mi mochila y además en esta etapa tuve la oportunidad de ir entablando relación con el resto de compañeros, ya que al principio debo reconocer que estaba bastante cortado y solo hablaba con Patri, pero al final cada compañero fue esencial en mi viaje. Durante esta etapa nos ocurrió una situación un poco curiosa y es que con la que estaba cayendo un riachuelo se convirtió en un verdadero obstáculo. Tras un largo rodeo vimos la solución pasar por un tronco no muy estable. Todos fuimos pasando sin problema hasta que pasó Carmen, por un lado la agarraba Rocío y por el otro yo, Carmen resbaló empujó a Rocío hacia delante y Rocío cayó de espaldas al riachuelo con todo el peso de la mochila en su espalda. Por suerte la levantamos rápido y no hubo ningún problema más de momento. Al poco, paramos en un bar para que nos sellaran las credenciales (algo que en mi caso llegó a ser una obsesión) y tomar algún refresco, allí nos encontramos con dos portuguesas que iban con un perro, a Laura que le gustó el perro, se hizo una foto con él  y después todo el grupo nos lo hicimos con él también. Y por fin después de un incidente que otro y alguna que otra extraña caída, llegamos al larguísimo polígono industrial de O Porriño, el pueblo donde pasaríamos el resto del día y la noche. Gracias a Anamari y Patri, el andar por el polígono se hizo más llevadero, ya que nos llevamos cantando todo tipo de canciones hasta que llegamos al final del polígono. Una vez que estábamos en la "entrada" del pueblo nos surgió un problema, ¿dónde está el albergue?. Al final, una amable señora que paseaba por allí, nos guió a lo largo de un riachuelo y nos acompañó hasta casi la puerta del albergue, la mujer entabló durante todo el camino una agradable conversación con nosotros y después de acercarnos se marchó. Una vez que estábamos en el albergue unos cuantos esperamos cola para coger cama mientras, Lázaro fue a comprar pan para hacernos unos bocadillos con las sobras que aún nos quedaban. Llegó al poco el hombre que se encargaba del albergue y nos abrió a los pocos que estábamos esperando para entrar. Dejamos nuestras cosas y fuimos directos a la ducha, después de esto nos repartimos las sobras, mantequilla que cogimos prestada y cortamos un poco de pan...  ¡ buen provecho ! .            
Después de comer, Lázaro y una amiga venezolana que conoció en su anterior camino, se volvieron a reencontrar por azar del destino y es que el mundo es un pañuelo. Por supuesto decir que aquí nos encontramos por primera vez con un grupo de madrileños con los que nos encontraríamos en casi todos a los que fuimos.
Ya por la tarde decidimos ir a dar una vuelta por O Porriño. El centro de O Porriño que era poco más de una calle no tenía mucho que ofrecer, sin embargo de repente, se apareció ante nosotros el increíble edificio del ayuntamiento que realmente era una maravilla. Tras unas fotos fuimos a tomar  un café, allí nos atendió una camarera un poco seca y tan lenta que no tenía prisa ni por cobrar, aunque ya le dejamos algo escrito en nuestra peculiar hoja de quejas, que fue una servilleta. El resto de la tarde la pasamos en un pub y jugando a el futbolín que había en él, disfrutando además de unos botellines de Estrella Galicia. Salimos ya casi anocheciendo y bastante contentos. Por el camino a Patri y Carmen le llamó la atención una escultura de un parque así que nos hicimos unas fotos con ella.
Llegamos al albergue, cenamos sobras de nuevo y algunos fuimos a dormir, ya que Patri y Rocío se quedaron un rato más mientras mejoraban sus dotes de construcción de tiendas de campaña de cartón.  Mañana nos esperaba una ruta más amena que esta, posiblemente la más suave de todo el camino.

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Patri, Laura, yo, Rocío, Carmen, Lázaro y Anamari.

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Patri y Rocío a su rollo.

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TERCER DÍA. 25 DE MARZO, 2013.

 

El camino hoy nos llevaría hasta Redondela.
Fueron unos 15 km la ruta de hoy por lo que no nos despertamos demasiado temprano. Pasamos por gran cantidad de pequeños pueblos esperando a desayunar en alguno, pero todos los bares estaban cerrados y ¡eran las diez de la mañana! . Aunque también es verdad que nosotros venimos de una comunidad en la que desayunar en la calle es más que una tradición, así que no sabíamos como funcionarían los bares aquí por la mañana. Pasamos por una pequeña aldea en la que al final de esta había una cuesta que fue bastante agotadora y lo peor es que el suelo resbalaba, sí, todavía llovía y además muy fuerte...
Al cabo de una buena caminata llegamos a un bar al lado de una carretera que si estaba abierto. Fue toda una alegría ya que aún no habíamos desayunado. Allí nos tomamos unos Cola Cao muy calientes y unas galletas, además, los amables dueños nos dejaron unos periódicos para secar las botas por dentro. Debo añadir que fue al salir de este bar, donde descubrí que Carmen tenía una gran voz para la jota (jajajaja) y estuvimos ya casi todos los días cantando distintas jotas aragonesas, de esta forma amenizabamos bastante el camino.
Tras pasar por varios paisajes verdísimos, avistamos a lo lejos Redondela. Lo que más me llamó la atención de este pueblo gallego, fue un altísimo  puente que se alzaba sobre el pueblo cruzandolo de un extremo a otro. Al parecer el puente se construyó a finales del siglo XIX y hubo problemas para que este se pusiera en funcionamiento, ya que al parecer tenía algún fallo en su estructura. Finalmente circularon trenes por el viaducto, aunque hoy día ya no circula ningún tren, y se encuentra ahí,  observando a Redondela desde las alturas, esperando a tener un nuevo uso.
Fuimos de los primeros en llegar al albergue, así que tuvimos que esperar un buen rato a que lo abrieran. Mientras, seguimos hablando con los de Madrid que llegaron al poco de nosotros.
Una vez dentro se lió una buena, ya que la mujer que se encargaba del albergue dijo que sabía que alguien usaba autobús de apoyo y que esto les iba a traer consecuencias. Para nosotros lo peor fue el tener que esperar dentro una hora más para poder entrar a las habitaciones y descansar.
Depués de dejar las cosas, ducharnos y conocer a nuestra amiga Marta, (jajajaja) fuimos a la calle. Decidimos comer en el albergue, ya que tampoco es que el dinero abundase. Así que tuvimos que ir a comprar unos macarrones y tomate para hacerlos en la cocina. Al llegar a la cocina había un par de problemas, el grupo de madrileños esperaba su turno en la cocina y encima el agua del albergue salía tan fría y la hornilla calentaba tan poco que se tardaba una vida en cocer la pasta. Al tocarnos nuestro turno, hicimos la pasta, comimos y fuimos a dormir un rato. En ese cuarto fue donde empezamos a usar nuestro peculiar, Trombosil ( en la conclusión del viaje explicaré porque era tan peculiar ).
Sobre las cinco y media, Lázaro y yo fuimos a dar un paseo y así conocer la ría que pasaba cerca de Redondela.
La verdad que era un paisaje bastante bonito y sobretodo como muchas cosas en Galicia, muy verde. Aprovechamos también para meternos unos buenos platos de patatas,  huevo y bocadillos para el cuerpo en un bar de Redondela y llegamos casi anocheciendo al albergue.
Esa noche decidimos no salir, lo que hicimos fue basicamente Patri y yo pelearnos como un matrimonio por todo el albergue, ella por supuesto se vengó de mí metiendo un libro para superar la drogadicción en mi mochila, lo más gracioso es que este libro lo encontró mi madre a la vuelta... la verdad que la situación todo un poema.
Preparamos las cosas y a dormir, que mañana íbamos a Pontevedra y la ruta era muy larga.





CUARTO DÍA. 26 DE MARZO, 2013.

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Lázaro, Patri y Carmen.

Eran las 4:30 de la mañana y teníamos que salir ya del albergue debido al cansancio de algunos para así poder caminar con más tranquilidad durante esta etapa que fue una de las más duras, pero fue quizás, la que más me gustó de todas. Fueron unos 18 km hasta Pontevedra desde Redondela.
Tuve que hacer malabares para no despertar a todo el cuarto y esto prácticamente a ciegas. Estabámos todos ya en el hall del albergue y allí nos estuvimos preparando, colocándonos los fisos en los tovillos para que no se nos metiera el agua en los pies. Los siete ya listos salimos por la puerta rumbo a Pontevedra. Salimos del pueblo y tuvimos que andar un buen rato por una carretera en la que los camiones pasaban a nuestro lado a todo carajo, a oscuras y como no, lloviendo. Pasó entonces un camión que desprendió tanto aire que a Anamari se le vino todo el poncho hacia delante, tuvimos que ayudarla a colocarselo ya que le tapaba toda la cara...
Al rato encontramos al alemán que estaba en el albergue de aquella noche y con el que me intenté comunicar con mis penosos conocimientos de alemán. Tras andar un rato con él, nos separamos cuando decidimos parar al lado de una carretera a desayunar unos lacasitos, chocolate y Kit Kats que nos quedaban de días anteriores. Tras ese reposo seguimos adelante, ya avanzando entre pinos en un camino de tierra.
Por fin estaba amaneciendo y cual fue nuestra sorpresa cuando miramos a nuestra izquierda... ¡ era la ría de Vigo ! fue realmente espectacular, nos hicimos montones de fotos. De nuevo salimos a la carretera y llegamos a un pueblo llamado Arcade, allí paramos en un bar y desayunamos. Yo por mi parte me tomé una empanadilla de atún y un batido de chocolate, la verdad que el desayuno fue algo indigesto, jeje.
Tras reponer fuerzas de nuevo al lío. Al poco pasamos por un antiguo puente por la que pasaba un río que iba hasta arriba. Tuvimos que subir por las endemoniadas cuestas de una aldea de postal y tras ese duro trabajo llegó la parte más bonita de la etapa pasando por un bosque de pinos y hayas. Había montones de pequeños riachuelos, arroyos... en fin una maravilla verde.
Mientras subíamos por el bosque la niebla se hacía cada vez más espesa y se veía peor y encima por culpa de dos chavales que nos taparon una concha estuvimos a punto de tomar el camino equivocado. Por suerte, Patri se dió cuenta y tiramos por el correcto. Pasamos por una capillita y allí sellamos las credenciales otra vez. Y por fin tras una intensa etapa llegamos al albergue de Pontevedra, lo mejor de este fue que estaba al principio de la ciudad.
Cuando nos abrieron, cogimos cama y nos duchamos.
 Las chicas pidieron pizza para comer, pero Lázaro y yo preferímos ir al centro y tomar algo allí. Así que orientandonos como pudimos llegamos al centro, este era bastante bonito, lo que me sorprendió gratamente. Además todo el centro era peatonal, una delicia para los peatones. Tras hacer un poco de turismo fuimos a comer a una pulpería. Cuando paró de llover un poco tomamos camino de vuelta y aunque tuvimos problemas al volver por culpa de la orientación llegamos sin problemas al albergue.
Al llegar, me apunté de nuevo a ir al centro con las chicas así que prácticamente no tuve tiempo para descansar debidamente. Estuvimos toda la tarde por el centro visitando más a fondo Pontevedra y ejerciendo yo, un poco de guia, jeje. Y como no, busqué por todos lados una tienda de souvenirs y me compré una taza de Pontevedra para así, acrecentar más si cabe, mi colección de tazas de ciudades del mundo.
Tras esto volvimos al albergue y cenamos las sobras de las pizzas, al poco un mago nos hizo allí mismo en la sala común, una demostración de magia, Patri a la que le tocó participar en un truco quedó muy sorprendida. Cuando acabó su funcíón le dimos un gran aplauso y nos pusimos a jugar con otros más del albergue a un juego que Patri y Lázaro se llevaron. Tras una divertida noche nos fuimos a descansar, esta etapa siguiente sería para mí la más dura, por culpa de no descansar como debiera...

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QUINTO DÍA. 28 DE MARZO, 2013.

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Laura y yo. Homenaje a mi cristo y virgen de los Negritos, oooh oooh...

Como ya comente, la etapa de hoy me resultó bastante dura, no por su dificultad que no era para tanto, sino por lo poco que descansé el día anterior.
Aunque ya no había tiempo para lamentaciones, la luz entraba por nuestras ventanas, era hora de ponerse en marcha.
Por lo menos el día de hoy fue relajado, ya que teníamos reservado hostal en Caldas de Reis, a unos 23 km de Pontevedra.
Comenzamos con un desayuno compuesto de Cola-cao y unas "tostadas" . Nos pusimos en marcha al rato, y yo como no, decidí ir más rápido e ir solo para dar un último paseo por Pontevedra y ver la ría, todos los del camino saben lo pesado que fuí con este tema, ellos me comprenden jeje.
Ya solo, fuí cruzando la alameda hacia la ría y cuando ví lo que había que ver seguí el camino solo hasta que a los 2 o 3 km volví a reencontrarme con mis compañeros. Seguimos el camino y aprovechamos para seguir saciando nuestros vicios, fotos y sellos, jajaja.
La parte más increíble de todo el día fue cuando tuvimos que ascender entre altos montes y bosques de pinos, cortados por una vía férrea, el paisaje como no, increíble.
Tras el ascenso llegó el descenso y al rato llegamos a una pequeña aldea en la que solo había bares, algo que se agradeció.
Allí nos tomamos unos buenos bocadillos de lomo, tortilla... En fin un descanso bastante merecido.
Tras el reposo y llevarnos unos souvenirs del bar, seguimos el camino hasta llegar a una carretera, tras esta llegó el turno de pasar entre viñas. Lo peor a estas alturas era el fango que atrapaba nuestros botines y el cansancio que llevaba yo acumulado del día anterior. Como no quería quitarme la mochila, me dejaron para que suavizara un poco el paso otro bastón, algo que al principio parece una tontería, pero a medida que avanzas en el camino, es indispensable.
Cuando por fin llegamos a un pueblo que parecía que era el destino, no, ni de lejos, quedaban 5 km más o menos.
Tras otra larga caminata ya por fin estabamos allí, Caldas de Reis. Nos costó mucho encontrar el hostal que además estaba al final del pueblo, pero al llegar sentí una satisfacción  impagable, sufrieron mis pies, pero lo conseguí.
Seguimos nuestra rutina a la llegada de todos los hostales, ducha, reventar ampollas e ir a comprar la comida.
La historia que voy a contar ahora protagonizada por mí y por laura, merece un apartado propio. Fuimos a comprar al supermercado de enfrente mientras los demás acababan, Laura ejerció estos últimos días de madre protectora, pero aquí no pudo hacer nada contra mis sirocos.
En el supermercado compramos lo necesario o más de lo necesario. Cogí unos bombones que vendían sueltos de una forma un poco descarada pero Laura como buena madre confiada no se dió cuenta de nada. Al pagarlo todo un segurata nos llamó la atención y me hizo devolver los bombones, por supuesto Laura estaba flipando y a la vez descojonandose, ya que mi respuesta ante el segurata fue un poco incoherente.
Tras salir del supermercado corrimos al hostal y allí Laura lo contó todo antes de que a Lázaro le diera tiempo de reventar otra ampolla, jajaja. La tarde en resumen fue, que estuvimos por la tarde un rato buscando conexión para ver la semana santa, fuimos a un bar y jugamos al ordenador. Fue entonces, cuando le propuse a Patri el ir a la fuente termal. Ella me dijo que no y con mi nuevo siroco, salí a las nueve de la noche a la búsqueda de la fuente yo solo.
Tras preguntar a varias señoras mayores que me explicaban en gallego como llegar, la encontré. La verdad que esas aguas tan calientes me relajaron del todo y allí estuve cerca de una hora acompañado, hablando con el grupo de chicos y chicas de Granada.
Tras un rato bastante agradable volví al hostal, listo para coger la cama en banda.
Cené, preparé las cosas para el día siguiente y dormí. Nos esperaba un buen día hasta Padrón, esta sería nuestra penúltima etapa.

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Ana Mari, Laura y Rocío.


SEXTO DÍA. 29 DE MARZO, 2013.

ImagenLázaro, Laura, Rocío y Anamari en Caldas de Reis.

Esta sería ya nuestra penúltima etapa la cual nos llevaría a Padrón tras andar unos 18 km. Curiosamente de esta etapa es de la que menos detalles tengo en mente aunque intentaré contarla lo más clara posible.
Nos despertamos sobre las siete y media, desayunamos y comenzamos el camino. Primero pasamos por la calle principal de Caldas de Reis, cruzamos su puente y comenzamos a introducirnos en el campo. Tras un buen rato andando las chicas se encontraron un furgón en el que le regalaron unos claveles.
Tras este paseo que llevábamos comenzó la parte dura de la etapa en la que comenzamos a ascender por un alto monte de pinos, eso sí, mereció la pena, todo estába verdísimo, caían pequeños manantiales... una verdadera maravilla. Quizás para mí, lo que más me costó fue el descenso que era bastante pronunciado y además el suelo era de adoquines por lo que resbalaba bastante.
Fue por estos lares cuando me percaté de que era jueves Santo, el día que salía el cristo y virgen de los negritos ( oooh oooh... ) y esto me afectó el resto del día, que la verdad estuve un poco obsesionado con el tema, cantamos la saeta de los negritos muchas veces para homenajear a la hermandad, supongo.
Durante la andada cantamos también la canción de la virgen del Pilar diceee... y palomica gracias a que llamé a mi tía y me la recordó, pero Patri y Carmen no tardaron mucho en cambiarle la letra, en fin... jeje. Poco después entramos en un patio exterior de una casa en el que a un guiri, un hombre le estaba mostrando la gastronomía de Padrón a través de los pimientos. Ya conocemos otra perspectiva desde la que ver Galicia, su gastronomía es riquísima.
Cuando íbamos por la mitad del camino llegamos a un pequeño pueblo en el que nos tomamos un "aperitivo" , compuesto por un bocadillo trifásico, un bocadillo de jamón y queso... vamos que repusimos fuerzas para lo que quedaba de jornada y además vimos a un conocido personaje de El Ronquillo, ¿ qué haría por aquí ?, jajajaja.
Durante esta etapa me dí cuenta de que curiosos eran los cementerios de Galicia y de la cantidad de silos que había por todos lados.
Y tras unos 17 km llegamos al término municipal de Padrón ( si el pueblo de los pimientos ), y tras cruzar un puente y andar unos dos kilómetros llegamos a nuestro hostal, como no, al final del pueblo.
Nos distribuímos en varias habitaciones y amí me tocó con Carmen ( pobre, no sabía todavía lo que le esperaba conmigo, jeje ).
Nos duchamos, comimos y decidimos descansar en el albergue, había una feria y muchas atracciones, pero el cansancio nos tenía agotados.
Tras una cómoda tarde en el bar de Zipi y Zape, decidimos salir a sacar dinero a una caja, allí mismo, decidí que yo iría a sellar al albergue y a un convento que estaba en la zona más alta de Padrón, para sellar la credencial.
Laura de nuevo dejó mostrar su instinto maternal y controlador, me dijo que a las nueve y media en el albergue y si te pasa algo, pues llamas.
Seguí yo solo adelante a buscar el albergue, con mi poncho, ya que empezó a llover bastante fuerte. Sellé en el albergue tanto el sello de allí como el del convento, que al parecer estaba cerrado. No obstante subí al convento para ver las vistas desde allí y me encontré a un grupo de franceses que se íban a quedar a dormir a la entrada del convento porque no tenían sitio en el albergue público, problemas que trae despertarse tarde.Tras esto y con la meláncolía en el cuerpo de que era jueves Santo fuí a la iglesia, en la que se celebraba una misa especial. El problema es que quería entrar cuando acabara la misa, que por desgracia le quedaba para rato, así que busqué conversación y como no había nadie más comenzé a hablar con la rumana que estaba en la entrada de la iglesia pidiendo dinero, al final acabé contándole hasta de donde venía ( jajajajaja xd ), cosas que tiene el que te guste hablar mucho.
Depsués de esto me pasó algo que me abrió las puertas a la mendicidad, una mujer pensaba que estaba pidiendo y me dió un euro y tras esta otra... en realidad yo solo quería preguntar cuando acababa la misa, pero debía llevar unas pintas bastante malas. Menos mal que al rato llegó uno de los madriles a la iglesia y se metió dentro y como ya había hablado antes con él lo seguí y me metí dentro de la iglesia con él.
Estuve allí esperando a que acabase la misa y sellar la credencial, pero siempre surgen cosas interesantes y surrealistas.
 Lo primero fue que la misa me comenzó a interesar tanto, que me quedé hasta el final ( y yo no soy muy de misas ). Después, pude observar el fervor que los gallegos tienen a sus imágenes que desgraciadamente no salieron por la lluvia, así que los movieron un poco dentro de la iglesia, seguro que este año si salen. La situación fue bastante emotiva y yo solo pensaba en mi familia que estaría toda junta viendo a la hermandad de los negritos, en Sevilla.
Y tras este cúmulo de emociones me acerqué al cura y le felicité por la misa que dió, que la verdad, me caló honda. Después me selló el mismo la credencial y por si fuera poco antes de que me fuera, me enseño el pedrón ( pilón para Carmenxu ) que se encontaba bajo el altar mayor escondido y me contó la historia del por que el nombre de Padrón, que venía justamente de este.
Al parecer el apóstol Santiago ató allí su barca, cuando pasaba por aquel entonces el río por lo que hoy día es la iglesia.
Tras esta divertida tarde llegué al albergue y encontré a Patri y Carmen cenando, así que cené con ellas un buen plato de patatas, chorizo, pimiento... se me hace la boca agua cada vez que lo pienso. Tras esto y contarle mi experiencia y la tarde nos fuimos a acostar, no sin antes llamar a mi padre para poder escuchar de fondo la banda de música que acompañaba a los Negritos, los cuales se disponían ya, a entrar en la capilla.
Mañana llegaba el día esperado, por fin llegaríamos a Santiago tras unos días que los resumo como perfectos. La jornada era larga, así que a dormir.
*Estas últimas líneas se las dedico a Carmen que me aguantó como una campeona en la habitación y no se quejó de la película que puse de noche de Chucky a todo volumen.                                                                                                       


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Patri y su devoción por la virgen de las Angustias.


SÉPTIMO DÍA. 30 DE MARZO, 2013.

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Yo en la última etapa.

Había llegado el día tan esperado durante todo el viaje por todos, por fin tras una larga semana de andar cumpliríamos nuestro reto, llegaríamos a Santiago.
Salimos bastante tarde del hostal, ya que no teníamos mucha prisa pues la llegada a Santiago era inminente, no obstante nos quedaban todavía 25 km.
Desayunamos en el bar del hostal un gran trato por parte de la familia propietaria del mismo. Íbamos ya hacia la salida del pueblo y pasamos por su cementerio, menciono especialmente este cementerio porque estoy seguro que sería al único cementerio sería capaz de entrar de noche, que bonito. A continuación, cruzamos unas vías de tren y seguímos adentrándonos cada vez más en el entorno rural. De nuevo pasamos por aldeas, paisajes verdes e iglesias increíbles.
Las iglesias gallegas normalmente son de granito y con esa verdina, son realmente de las misteriosas y bonitas que he visto.
Tras ya medio camino recorrido, llegamos a un tramo que estaba cortado por obras y por lo tanto nos tuvimos que desviar por un carril que ascendía a una montaña para seguidamente bajarla. De ahí en adelante todo fue llano, cada vez estábamos más cerca del objetivo. Cuando nos quedaban unos 5 km paramos en un pueblo y nos tomamos algo en su pub irlandés, al rato seguimos el camino con  más fuerzas que nunca.
La gran alegría fue cuando ya de lejos se avistaba Santiago y su catedral, aquella fue mi primera imagen de Santiago, la cual todavía guardo en mis retinas como si fuera ayer.
Andamos un poco perdidos en la periferia de la ciudad hasta que por fin dimos con el centro.
Era cada vez más normal ordas de turistas llenando las calles y bares, cuando al fin dimos con una de las entradas de la plaza del Obradoiro.
Mi sensación fue la siguiente, un escalofrío me recorrió, una sensación difícil de explicar... Cuando te ves a tí y a tus amigos tras un duro esfuerzo todos juntos tras tantos días, momentos y una convivencia de diez, te quedas sin palabras.
Lo primero que hice al pisar el km 0 fue quitarme la mochila, para no volver a ponermela más en lo que quedaba de día y al momento ya estábamos todos muy emocionados,abrazándonos muy emocionados tras conseguir llegar a nuestro destino. Tras esta mezcla de emociones fuímos al hostal, que al parecer era un colegio de curas. Nos duchamos descansamos y salimos al centro dirección a la catedral para ver al apóstol Santiago. Después buscamos un restaurante en el que comer, pero las cocinas estaban cerradas, con lo que tuvimos que hacer una comida-cena de despedida.
Toda la tarde estuvimos paseando, comprando, vimos a unos tuneros y por supuesto fuimos a recoger nuestra compostela. Ya de noche cenamos y fuimos a buscar un lugar barato donde pasar la noche y encontramos un lugar Copa Rota, que hizo honor a su nombre. Tras una larga y "accidentada"noche nos fuimosa descansar ya que mañana nos esperaba un largo viaje de vuelta.
Y es que lo que pasa en Santiago, se queda en Santiago.

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En la plaza del Obradoiro con, Carmen, Anamari, Patri, Laura, Rocío y Lázaro.

OCTAVO DÍA Y ÚLTIMO. 31 DE MARZO, 2013.


Este podría haber sido un día de reflexiones pero si la resaca es capaz de hacer algo, es convertir a alguien en un vegetal y lo peor fueron esas horas de autobús resacoso, cansado y triste porque el viaje, tocaba a su fin.
Tras llegar al pueblo, cada uno volvió a su casa y nuestro viaje, mi viaje, acabó.


CONCLUSIÓN DEL VIAJE.


He aquí mis conclusiones del viaje y cosas a mejorar en el próximo camino.
- Los gallegos son gente muy hospitalaria y amable.
- Galicia es la comunidad con más verde por metro cuadrado.
- La ciudad de Pontevedra y su centro no tienen que envidiar nada a Santiago, una ciudad increíble.
- Nuestro "trombosil" no era eso, era una crema para las ampollas de los pies, he aquí el porque    no nos salió ninguna en la espalda.
- Llevar muchas menos cosas en la mochila es vital para que el camino sea lo más llevadero posible.
- Lo peor es que tras un viaje de once horas os ofrezcan galletas de flan ( jajaja ).
- Recomiendo hacer este viaje a todo el mundo, da igual la edad o vuestra situación, os cambiará,lo pasareis genial y conocereis a gente con la que pasareis momentazos.

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