Venecia, la ciudad de los canales

Nos levantamos muy temprano para coger nuestro tren a Venecia-Santa Lucia desde Milán-Central. El tren salió alrededor de las 7:00, recomiendo reservar o comprar el ticket al menos un día antes, nosotros  nos topamos con colas bastante largas.

Tras tres horas ya veíamos la laguna, estábamos cruzando el puente que une Venecia con el continente. 



En la estación después de varios quebraderos de cabeza, elegimos cuál sería nuestra opción final para llegar a los Balcanes. Iríamos al último pueblo de Italia, Gorizia, y de allí al primero de Eslovenia, Nova Gorica. 

Nuestro siguiente tren salía a las 20:00, así que teníamos todo el día para visitar Venecia. De nuevo me encontraba en la ciudad de los canales, cinco años después, en mi caso al menos, esta segunda visita a Venecia hizo que mi imagen de la ciudad empeorase, y es que, la masificación del turismo no la llevo muy bien...





De la estación seguimos las indicaciones a pie hacia San Marcos, pasamos por varias plazoletas venecianas, todas con la misma estructura, iglesia y pozo para los vecinos. En el camino nos hicimos con un gran pan en el que metimos nuestro chorizo, que pedimos nos cortaran en la misma panadería.

A medida que andábamos la concentración de gente aumentaba, esto significa y no nos equivocábamos, que el Puente de Rialto ya estaba ahí. Un poco mas adelante encontramos de frente la Plaza de San Marcos.





Si tuviera que elegir un solo motivo para volver a Venecia, el ver de nuevo este lugar, sería la razón y ya lo dijo Napoleón:" la plaza de San Marcos es el salón de baile al aire libre mas bello del mundo" razón desde luego no le faltaba. 

Decidimos comer en unas escaleras de la plaza nuestro gran bocadillo de chorizo, ¿ se os ocurre mejor lugar para comer que junto a San Marcos, la torre del Reloj y el palacio Ducal?



Para bajar la comida fuimos en busca de un lugar con sombra y tranquilo, optamos por alejarnos de la zona mas turística y fuimos dirección al Arsenal de Venecia.








Por el camino nos estábamos derritiendo, la temperatura rondaría los 35 grados y la humedad...

 Desde el paseo junto al Gran Canal se veía un jardín con árboles bastante grandes, perfecto para una siesta.  



Cuando parecía que el calor era menos fuerte, cosa que nunca sucedió, nos dispusimos a visitar una de las caras menos conocidas de Venecia, el barrio del Arsenal.







Es una de las pocas zonas que siguen habitadas en la ciudad, de ello daban fe los tendederos de las calles y, los precios de los bares, que habían bajado con respecto a la zona de San Marcos considerablemente. 





Se nos hizo un poco tarde y fuimos a por nuestro tren dirección, Gorizia, de nuevo siguiendo las señales a pie de la estación. El tren llegó con un poco de retraso e iba bastante vacío, lo que no sabíamos, es que este sería el último tren con aire acondicionado en todo el viaje. 



Tras 3 horas, el tren llegó a Gorizia, solo quedábamos nosotros y dos o tres turistas más en el tren, ahora si que sí, estábamos en la puerta de Ex-Yugoslavia. 

Andamos por la calle principal vacía y oscura, de vez en cuando algún grupo se quedaba mirando debido a nuestro aspecto de peregrino de Santiago, pero en mitad de un pueblo perdido de Italia a las tantas de la noche. 



En un rato vimos una pizzería abierta, por fin, aunque eran las 23:00, pero aun así nos sirvieron una de las pizzas mas ricas que he probado y  al precio de unos 6 euros ( Pizzería La Tarantella, corso Italia).  

Allí preguntamos donde podíamos ir a tomar algo, nos dijeron que calle arriba por la izquierda tendríamos algún pub abierto, la noche no parecía que fuera a ser un desmadre pero nosotros nunca decaemos. Nos sentamos a tomar unas birras en el "Bar-café Haus Gorizia", todo un acierto, además de tener las birras  a 1.50 euros, la chica de la barra y sus amigos nos explicaron con todo detalle cómo ir de allí a la estación de Nova Gorica, no sin mirarnos con cara de extrañeza, pues la estación estaba a 4 kilómetros, llevábamos unas mochilas de 15 kilos y eran la 1:00 de la madrugada.

A uno de los chavales que andaba bebiendo le sentó tan mal el alcohol que tuvo que venir la ambulancia, el local comenzó a cerrar y decidimos que era el momento de movernos y cruzar la frontera. 




Estábamos medio perdidos sin saber bien por donde ir, todo estaba vacío y oscuro.  Por suerte, tras una hora y media llegamos a la frontera.




Italia, Eslovenia, Eslovenia, Italia y así hasta que nos cansamos de hacer el "gamba" y cruzar a Nova Gorica, Eslovenia (¡¡¡ BALCANES !!! ).

La cosa no hacía más que ponerse más terrorífica, una gran fábrica, una estación de tren del siglo pasado y todo muy oscuro. Pensamos que lo mejor era dormir en la estación y coger el tren de la mañana que iba a Bled, pero el plan cambió cuando pregunté por el tren a la única persona que había en la estación, y que decía que había un tren a Bled a las 3:00 de la mañana. 





Era cierto, aquellos dos vagones viejos y pintarrajeados eran nuestro tren. El revisor muy amable nos examinó los billetes interrail y nos dijo como pudo que nos llamaría en la estación que nos teníamos que bajar. En aquel tren estábamos sólo nosotros y el conductor-revisor, teníamos el tren para nosotros solos! 

Pero eso es ya otra historia...



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