El tren infernal hacia Sarajevo

Si ahora mismo me dieran a elegir entre si ir a Sarajevo en tren o bus, mi respuesta sería autobús, el fallo fue que en aquellos momentos no pensábamos que el viaje en tren sería tan insufrible. Con tan solo decir que el viaje duró unas 10 largas horas y, además, no había aire acondicionado cuando la temperatura exterior era de 40 grados,  ahora comprenderás porque recomiendo no usar el tren.

Tras este muy importante consejo, volvamos a aquella mañana a la Estación de tren de Zagreb.

 

 

Eran las 5:00 de la mañana y comenzaba a amanecer. La luz y el calor nos levantaban cada poco, hasta que nuestros relojes marcaron las 8:00 y decidimos recoger el campamento improvisado que teníamos montado en mitad de la estación. Como sospechamos que el viaje sería bastante largo y seguiríamos a bordo a la hora de comer, decidimos comprar bebidas, bocadillos y patatas.

A las 9:19, el tren comenzó a marchar dirección Bosnia con nosotros ya acomodados en nuestra polvorienta cabina cuando apareció el revisor, quien básicamente ni se molestó en mirar nuestros billetes de interrail, ¡ cosas que suelen pasar en los Balcanes!

 

 

Era medio día y por fin estábamos entrando a Bosnia cuando de repente, el tren quedó parado en la aduana durante media hora debido al control policial de pasaportes. Mientras los policías andaban de acá para allá, a Joan y a mí no se nos ocurrió otra cosa que comenzar a usar nuestras variadas técnicas karatecas entre nosotros. ¿Qué hubiera pasado si uno de los policías nos hubiera visto haciendo el "gamba" de tal forma mientras, ellos muy seriamente, realizaban su trabajo? 

 

 

 

 

Pasamos los trámites y el viaje continuó, ya estábamos dentro de territorio bosnio. Este país tras la guerra de los Balcanes (1992-1995), quedó dividido en dos partes, Bosnia-Herzegovina y la República Serbia de Srpska, y a su vez, en varios cantones.

En Bosnia hay gran diversidad étnica, podemos encontrar, bosnios-musulmanes, serbios, croatas y otras minorías. A esta diversidad étnica y religiosa se debe que sus verdes y montañosos paisajes, estén salpicados por mezquitas e iglesias.

Pasó un rato y comenzaron a subir vendedores con sus cestas al tren, ofreciendo, snacks, bebidas, chocolates,...

 

 

A las 15:00, el tren llegó a la segunda ciudad en importancia de Bosnia, Banja Luka. Dicen de esta ciudad, que de cada siete mujeres hay un solo hombre, la próxima vez que volvamos pararemos sí o sí. En esta estación, un chaval entró a nuestra cabina y comenzamos a hablar con él sobre su país y de fútbol, nos dimos cuenta entonces, de que en bosnia la gente además de ser muy amable, se interesaba mucho por hacerte sentir cómodo. 

 

 

 

Por fin a las 19:00 de la tarde tras 10 horas de viaje, llegamos a Sarajevo.

Lo primero fue buscar las ventanas de venta de tickets en la vieja estación de tren. Le preguntamos a la vendedora de billetes los horarios de tren a Mostar, circulan dos al día en este sentido, el primero a las 8:00 y el segundo a las 18:00. (No hace falta reservar). Junto a la estación había un cajero donde sacamos Marcos, la moneda bosnia (el cambio en julio de 2015 era 1 euro = 1.9 marcos.

 

 

 

 

Fuimos a buscar nuestro hostel, el Hostel Feriajalac donde reservamos una habitación cuádruple a 10 euros por persona y noche. Después de ducharnos salimos a disfrutar de la noche de Sarajevo. 

En Marsala Tita, la avenida principal de la ciudad, ya se dejaba ver la diversidad étnica y religiosa bosnia, no era raro ver grupos de chicas con sus velos junto a otras llevando escote y vestidos cortísimos.

 

 

 

Otra cosa que me llamó la atención, fue lo lleno que estaba el centro peatonal aun siendo un día entre semana, todo el mundo estaba en la calle  y las terrazas estaban llenas.

 

 

 

Entramos a Bascarcija, el barrio turco, allí el ambiente era mayor y los restaurantes estaban atestados de familias cenando para celebrar la fiesta del Ramadán. Decidimos cenar en un restaurante de comida bosnia y allí probamos por primera vez nuestro plato favorito del viaje, el cevapi, unos rollos de carne picada a la brasa, acompañados por cebolla y crema de queso feta (por 6 marcos puedes tomar un plato con 5 piezas de carne).

 

 

Después de la sabrosa cena, dimos un paseo por las calles de Bascarcija mientras escuchábamos las llamadas a la oración de las mezquitas a los fieles. Llegamos al Sebilj, el símbolo de Sarajevo, dicen que si bebes de su agua volverás a la ciudad. 

 

 

Nos sentamos en una tetería muy cerca de la fuente y pedimos unos tés y un par de cachimbas a 3 euros cada una.

 

 

Estuvimos en la tetería hasta las 4:00 cuando decidimos ir a dormir, mañana nos esperaba un largo día en Sarajevo, una ciudad que aún guardaba muchos secretos y sorpresas.

 

 


 

Se dice que este ser vaga libremente por las colinas que rodean Sarajevo...

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