Un tranquilo día en Mostar

El día anterior, le pedimos a Bojo que nos preparase el desayuno lo más tarde posible para que pudiéramos dormir y recuperar fuerzas. A las 10:00 nos despertaron él y su madre, nos avisaron que comenzarían a servirnos el desayuno, así que nos levantamos y fuimos al patio para disfrutar de la deliciosa comida que nos estaban preparando. Comenzamos tomando café bosnio y un zumo, al poco nos trajeron el resto de cosas, pan, mermelada, paté, tomate, tortilla y queso. La comida nos llenó tanto que no volvimos a probar bocado hasta bien tarde.

Una vez terminamos, fuimos a ducharnos y cambiarnos. Recogimos las mochilas y nos dispusimos a salir, en la puerta estaban Bojo y su madre de quienes nos despedimos y agradecimos su simpatía y atención.

Eran las doce cuando dejamos el hostel, aún nos quedaba todo el día para seguir disfrutando de Mostar. De camino al puente Viejo paramos unos minutos en un rincón que el día anterior no vimos, era un pequeño comercio abandonado y destruido desde la guerra, por curiosidad entramos a ver lo poco que quedaba en pie de él.

Seguidamente decidimos bajar a la orilla del río Neretva a una de las partes donde mejor vista puedes tener del puente.

Este impresionante monumento quedó destruido durante el conflicto balcánico, su caída fue tomada como símbolo de la separación de las culturas que habitaban y habitan en la ciudad. Gracias a la colaboración internacional en el año 2004, el puente fue reinaugurado mostrando su aspecto anterior. Su reconstrucción fue un punto crucial en la reconciliación del pueblo bosnio.

Subimos a la zona alta con intención de ver una exposición de fotografías sobre la guerra, ubicada en una de las torres del puente, muy a nuestro pesar el precio de la entrada era bastante alto y no entramos.

En nuestra ansia por encontrar lugares gratuitos que visitar llegamos a un antiguo mercado, en el recinto había también un pequeño cementerio musulmán y una mezquita.

Como aquel día fue especialmente caluroso decidimos ir al centro comercial situado en la zona nueva y tomarnos una bebida muy fría. A mitad de camino paramos en la plaza de España, este lugar está dedicado a todos los cascos azules españoles que prestaron servicio al pueblo bosnio durante y después de la guerra. Seguimos callejeando por la nueva zona de Mostar y por fin llegamos al centro comercial donde por cierto, estaban repartiendo gratis agua de sabores debido a una promoción, ¡qué suerte tuvimos!

Nos dirigimos al McDonald que había en el primer piso, allí sacamos nuestra vena más "gitanera" y a cambio de una coca-cola para cinco, tuvimos un lugar donde descansar, refrescarnos y pillar wifi.

Después de un par de horas nos dimos cuenta que no podíamos rentabilizar más la coca-cola y decidimos ponernos el bañador y poner rumbo a las aguas del río Neretva. Dicen que es uno de los ríos más fríos del mundo y que sus aguas apenas alcanzan los 8 grados en verano. 

Quien afirmó tal cosa no se quedaba corto, vaya agua más fría. Estuvimos "disfrutando" de un corto baño hasta que decidimos salir por nuestro propio bien. Desde la orilla del río observamos sorprendidos como algún atrevido a cambio de unas monedas, se atrevía a lanzarse desde el Stari Most a las heladas aguas del río (AQUÍ tienes el vídeo).

Empezó a hacerse tarde, así que decidimos dirigirnos a casa de Bojo para recoger las mochilas.

Como nuestro bus a Split salía a las 23:55, nos sentamos en un merendero junto al río a echar una partida de póker y tomar unas litronas de cerveza bosnia (como dato importante para que entendáis algo que nos sucedió en la frontera croata, acordaros que jugamos con margaritas). La partida acabó cuando los mosquitos lo decidieron, no aguantamos mas sus picaduras por lo que decidimos ir a la estación para coger nuestro autobús.

De camino compramos unas porciones de pizzas baratísimas por 25 céntimos (algo menos de un marco bosnio),  hechas a base de ingredientes desconocidos compramos un arsenal de alcohol para el "Ultra Europa". En la puerta del supermercado donde compramos las bebidas llevamos a cabo nuestra actividad favorita, llamar la atención de todo aquel que pasaba. Nos tiramos en el suelo a comer pasteles incomibles y para variar, Joan y yo estuvimos peleándonos al estilo "sometimiento", una de las técnicas defensivas más rastreras y sucias que ha podido crear el ser humano.

La hora de partir hacia Split se acercaba, casi sin darnos cuenta ya estábamos montados en el bus que nos llevaría a la capital de Dalmacia. Obviamente, fue sentarnos y quedarnos dormidos, así estuvimos todo el camino hasta que en la frontera bosnio-croata a todo aquel que no era de los Balcanes, nos hicieron bajar. Eran las tres de la mañana y en habitaciones separadas nos hicieron abrir las mochilas y comenzaron a preguntarnos en inglés si llevábamos drogas u otras sustancias, menudo "speaking" me marqué a esas horas... 

Por cierto, ¿os acordáis de las margaritas? Las tenía Joan en su mochila, el policía las vio y ya podéis imaginar la de preguntas que le haría y las respuestas que recibiría (jajaja).

Al fin tras cuatro horas de viaje, llegamos a la estación de Split, la ciudad se veía preciosa de noche y encima había un "ambientazo". Junto al andén estaba Luca, el dueño de nuestro apartamento, vino a recogernos a las 4 de la mañana para llevarnos a un piso que tenía vacío junto al nuestro, y todo esto lo hizo sin cobrarnos nada, fue sin dudas el mejor anfitrión de todo el viaje. Al llegar al apartamento nos quedamos con la boca abierta, era limpio, espacioso, tenía una terraza con vistas al mar y se encontraba en Podstrana a tan solo 5 km de Split. Cuando se marchó Luca, se nos ocurrió la idea de bajar a la playa pero estábamos tan cansados que lo dejamos mejor para el día siguiente, aún nos quedaban unos días muy intensos en el "Ultra Europa"...

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