Bucarest, una capital a la rumana

La imagen que muchas personas guardan de Bucarest y de Rumanía en general, no suele ser muy positiva, ya sea por los muchos inmigrantes venidos del país europeo que no siempre son el verdadero reflejo de un rumano, o por su peculiar historia reciente repleta de altibajos. La mejor manera de borrarnos ese estereotipo cuanto antes, es viajar allí y comprobar como es la realidad por nosotros mismos.

Si bien es verdad que la capital rumana no puede ser considerada una ciudad "turísticamente" interesante y tampoco puede compararse con otras grandes ciudades de Europa, bien merece una visita de al menos dos días para descubrir esta fascinante y caótica metrópoli, gracias a la cual entenderemos mucho mejor este emocionante país.

La salida desde Madrid fue alrededor de las 14:00 y la llegada a Bucarest-Otopeni la efectuamos tres horas y media después, a las 18:00. Una vez bajamos del avión sentimos aquel intenso frío que daba aviso de la fuerte ola polar que estaba por llegar, y que no nos abandonaría hasta nuestra vuelta a España.

Recogimos las maletas y fuimos dirección al hall del aeropuerto sin haber decidido todavía como llegaríamos al centro de la ciudad.

Por suerte, encontramos a un español residente en Bucarest que nos indicó la mejor opción, él nos recomendó el taxi pues según nos contó en Rumanía su precio era bajísimo, y que razón tenía...

La carrera hasta la ciudad no debe costaros mas de 40-50 Lei, en la misma sala de llegadas tenéis unas máquinas donde debéis coger el ticket con el que os tendréis que montar en el taxi (no os montéis sin cogerlo, o ya seréis timados nada más aterrizar). Y si es necesario, decidle a vuestro taxista que encienda el taxímetro, no importa la hora que sea, es siempre obligatorio. En cualquier caso si preferís el bus, podréis tomar el 783 que para en los puntos más importantes de la ciudad como, Piata Unirii y Piata Romana. No olvidéis comprar los billetes antes de subir al autobús.

Subimos al taxi junto a Julio, el español que vivía en Rumanía y que al parecer era dueño de un restaurante de comida española situado en una de las zonas más exclusivas de Bucarest, esperemos que nos invite en otra ocasión. De camino, nos contó la cosas más interesantes que podíamos hacer en la capital rumana, la cual según él, tenía mucho por ofrecer y además nos explicó que su fin de año era uno de los más espectaculares que podríamos vivir, no obstante, nosotros preferimos pasarlo en el país vecino. 

En unos minutos llegamos al hotel donde nos alojaríamos, Villa Zorba, se trataba de un fantástico apartamento situado en el centro (sector 2) y que disponía de dos cuartos de baños, tres habitaciones y un salón, sinceramente nos dejó sin palabras y además, el dueño fue muy amable.

Dejamos el equipaje y nos dispusimos a explorar Bucarest, no sin antes parar a descansar y degustar una deliciosa cerveza local llamada, Ciuc.

Las grises avenidas mandadas a construir por el excéntrico dictador Ceaucescu, nos dejaron "boquiabiertos" gracias a la fantástica decoración navideña, llenas de luces y puestos navideños de todo tipo. Estuvimos paseando por las calles más céntricas cuando al fin, llegamos a uno de los lugares neurálgicos de la urbe, la Piata Universitatii.

A pesar de hacer un frío que "pelaba", la plaza estaba llena de lugareños disfrutando de los muchos puestecillos navideños. En ellos encontramos castañas, dulces tradicionales, vino caliente... 

A nuestro alrededor se encontraban puntos tan emblemáticos como la universidad y la banca comercial.

Unos pasos más adelante se encontraba Lipscani. En este coqueto barrio se encuentran los vestigios de lo que un día fue el centro de Bucarest, antes de que su "loco" dictador diera paso a la "modernidad" a base de destruir cualquier edificio que no fuera de su gusto. Por suerte, aún quedan estas bellas calles que recuerdan lo que algún día fue esta ciudad y lo que pudo ofrecer, increíbles edificios modernistas, elegantes paseos y palacios, bellas iglesias... 

Actualmente este lugar alberga algunas sedes gubernamentales y multitud de clubs y restaurantes donde pasar una noche que seguramente no se os olvide en mucho tiempo. 

Aunque era un día entre semana los bares y discotecas estaban llenos de gente y el ambiente... describámoslo como peculiar.

Optamos por comenzar la noche cenando en uno de los restaurantes en los que aún permanecía la cocina abierta. La cena además de barata, fue deliciosa, aquellos platos de arroz con pollo y salsa de naranja picante difícilmente se nos olvidarán, sencillamente genial.

El resto de noche se quedará para nosotros que pudimos disfrutar del inigualable ambiente bucarestino. Podríamos resumir la noche en; "jagermeister", buena música latina, prostitutas en busca de sus "presas" y muy buen rollo. Una advertencia, cuidado con los niños que se dedican a pedir a la salida de los clubs, sobretodo si vais más bebidos de la cuenta. Bien entrada la madrugada regresamos al apartamento para descansar, al día siguiente nos quedaba una visita "expres" al parlamento y por la tarde teníamos que coger el tren a Brasov en la Gara de Nord.

 

 

 Al día siguiente tuvimos que madrugar para aprovechar las últimas horas que nos quedaban en Bucarest, puesto que todavía no habíamos visitado el monumento estrella de la ciudad, el parlamento rumano. Primeramente, fuimos a comprar a un supermercado cercano al apartamento y así aprovechamos para investigar el vecindario donde estuvimos alojados. Durante el paseo aprovechamos para entrar a un mercado de barrio, donde vendían todo tipo de productos, como fruta, pescado, ropa, tabaco, cosméticos... 

 

Retomamos rumbo al hotel e hicimos el "check out",  y desde allí contactamos con dos taxis para que vinieran a recogernos.

 

Al tomar el taxi que nos llevaría a la Gara de Nord, la nieve nos sorprendió. Para ser sincero no caía gran cantidad, es más, no llegó a cuajar demasiado pero para nosotros que veníamos desde Sevilla, aquellos copos de nieve eran todo un espectáculo. 

 

Una vez que llegamos a la estación, la cual no está demasiado cerca del centro (Piata Unirii), una parte del grupo compramos los billetes del tren, mientras que el resto fue a por unas orejeras. El ticket a Brasov, nos salió a aproximadamente a 8 euros por persona (Más información aquí). En nuestro caso optamos por el trayecto de las 17:15, sin embargo estad tranquilos, pues suelen salir trenes cada hora desde Bucarest a Brasov (Si estas interesado en ir antes a Sinaia, puedes llegar a través de esta misma línea. Esta ciudad se encuentra a unos 40 minutos antes que Brasov). 

 

Desde la estación de trenes bajamos al metro de Bucarest y tomamos la línea M1 para llegar al parlamento, cercanas al edificio tienes las estaciones de Izbor y Piata Unirii. 

 

Nosotros bajamos en Izbor y de esta manera pudimos recorrer un buen tramo a pie de la avenida Unirii, la cual fue proyectada y levantada en tiempos del comunismo cuando Ceaucescu se encontraba en el poder. Esta avenida recuerda en parte a la grandiosidad de las avenidas parisinas, aunque construidas en un estilo un tanto "cutre". En su tiempo fue concebida como el lugar donde residirían las élites políticas rumanas y actualmente, sigue siendo hogar de familias adineradas en la capital. 

 

A lo lejos ya se vislumbraba el edificio que nos atrajo a esta zona, el parlamento, se alzaba como un coloso, fue entonces cuando entendimos porque se trataba del segundo edificio más grande del mundo tras el Pentágono en Estados Unidos. La construcción con cierto parecido a los grandes palacios europeos asombra por su grandiosidad, no obstante es en su interior y en sus muchas plantas subterráneas donde están los mayores tesoros del complejo. Paredes y escaleras de mármol, lámparas de araña, interminables pasillos cubiertos por lujosas alfombras... Todo lo necesario para estar a la altura de albergar la sede de la asamblea del pueblo rumano. 

La misma plaza que aquel día estaba llena de puestos de navidad y niños patinando en las pistas instaladas para aquellas fechas, vio pasar importantes acontecimientos de la historia reciente rumana, tales como, la caída del comunismo y de su dictador Nicolás Ceaucescu en 1989, las grandes manifestaciones contra el gobierno, e incluso alguna anécdota como el ya célebre, "hello BUDAPEST!!!" de Michael Yackson (1992).

 

Nos tomamos gran cantidad de fotografías ante la gran mole, pero cuando el frío y la nieve comenzaron a apretar, pensamos que era hora de resguardarse en el gran centro comercial que había a unos metros más allá. 

 

De camino a las tiendas, pasamos por el río que cruza el centro de Bucarest, el Dambovita, y desde allí hicimos algunas instantáneas del canal y los edificios que se encontraban junto a él. 

 

Al fin llegamos al centro comercial donde pudimos comprar algo de comida y beber un buen café caliente. Estuvimos casi un par de horas deambulando por los locales hasta que tuvimos que coger un taxi para llegar hasta la estación de tren donde pusimos rumbo a nuestro siguiente destino, la ciudad de Brasov, un lugar perfecto donde establecer nuestra base para visitar el famoso castillo de Drácula, el palacio de Peles y Rasnov. 

 

Es cierto que nos faltaron importantes puntos que visitar, como el Ateneo Rumano, los museos, el arco de la Victoria y varias iglesias, pero no nos importó pues Bucarest, es un destino donde sin lugar a dudas volveremos en otra ocasión.

 

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