La mística Transilvania

El tren seguía su rumbo hacia el centro de Rumanía, el recorrido consta de casi 200 kilómetros, por lo que tuvimos tiempo para descansar y decidir que haríamos aquella fría noche en una de las grandes ciudades de esta famosa región rumana.  Que  contaros de Transilvania, todo lo que rodea a esta famosa región suele desprender un cierto halo de misticismo y misterio. Irremediablemente la historia de este lugar va ligada al célebre personaje que la hizo conocida, el conde Vlad "el empalador" o como popularmente es llamado, conde Drácula.

A medida que íbamos acercándonos a nuestro destino la cantidad de nieve aumentaba y se hacía más espesa, ya que este lugar se encuentra enclavado en la cadena montañosa de los Cárpatos, la de mayor altura e importancia de todo el país. Las estaciones de ferrocarril como esta de un pequeño pueblo cercano a Sinaia, estaba abarrotada de nieve. No queríamos ni imaginar el frío que íbamos a sufrir en nuestro siguiente día de viaje.

Alrededor de las 20:30 llegamos a Brasov, uno de los puntos más visitados de la zona debido a sus múltiples atractivos, y a que sirve como un perfecto lugar de base para visitar los famosos castillos de Peles, Bran y Rasnov.

Bajamos del tren, dejamos la estación y, en la puerta la misma historia que siempre se repite en Rumanía con los viajeros, un gran acoso por parte de los taxistas. Con este grupo de trabajadores llegamos incluso a discutir debido a que los precios que nos daban eran abusivos para tan poco recorrido.

De nuevo os aconsejo; nunca subáis a estos taxis, siempre os intentarán timar (por si os viene bien aquí tenéis el número de la empresa local de taxis en Brasov; +40 745 451 283). Finalmente, conseguimos que uno de ellos pusiera el taxímetro y nos llevara al hostel por la cantidad que correspondía.

El lugar donde nos alojamos era el “Kismet Dao Hostel”, sinceramente por el precio que pagamos podríamos haber encontrado algo mejor, fueron alrededor de 18 euros la noche. Si tenéis la opción de ir a otro lugar, no vayáis a este. La habitación estuvo correcta, tenía 6 camas una de ellas ocupada, por un viajero brasileño, y unas taquillas para guardar las maletas. En cuanto a la limpieza, ésta dejaba un poco que desear, no solo en la habitación, sino también en las zonas comunes. Por decir algo positivo, el desayuno estaba incluido y te invitaban a una bebida por cada noche que te quedabas.

Nos abrigamos bien y nos dispusimos a conocer la ciudad. El camino al centro se hizo corto y en unos minutos estábamos paseando por las calles peatonales del casco histórico, bellamente adornadas con las luces navideñas. De nuevo comenzó a nevar y entramos a un pequeño pub irlandés a cenar. Aún estando en pleno centro y siendo un lugar bastante turístico, el precio por la bebida y la comida fue ridículamente barato…“¡this is Rumania!”.

Cuando finalizamos la deliciosa cena, nos dirigimos a ver el lugar de mayor interés en la ciudad, la plaza del ayuntamiento en la que destacan éste mismo, y la iglesia Negra, llamada así tras el incendio que en el siglo XVII afectó al lugar. En todo el centro estaba instalado un gigantesco abeto navideño y una gran silla de papa Noel, las cuales embellecían y aumentaban la magia del lugar. Para que os hagáis una idea de las sensaciones que desprende la villa solo decir que, tenía todos los requisitos para ser usada como escenario en cualquier filme relacionado con la edad media, el misterio y sucesos paranormales. Sin duda este rincón de Europa oriental hasta entonces desconocido por mí, fue todo un descubrimiento.

Tomamos las correspondientes fotos en los principales atractivos urbanos y volvimos al hotel a descansar, al siguiente día nos esperaba uno de los “platos fuertes” del viaje, el palacio de Peles y los castillos de Bran (Drácula) y Rasnov.

Amanecimos muy temprano aquella mañana, debido a que sobre las 9 quedamos con un taxista para realizar la excursión de los castillos y no podíamos salir tarde. Aunque las distancias en Rumanía son muy cortas, el pésimo estado de las carreteras convierte un viaje de 40 kilómetros en un periplo de al menos 1 hora de duración, y eso sin contar que aquel día estaba nevando.

Si os interesa esta excursión, la podréis realizar mediante vuestro hostel, o en caso de que seáis varios como nosotros, podéis realizarla con un taxi. En ambos casos el precio sin añadir el billete de entrada a los monumentos, suele rondar los 15-20 euros.

A la hora prevista estaba en la puerta el chófer que nos llevó a los lugares acordados. Aunque éramos seis personas y el coche tenía  cinco plazas, el conductor no se opuso y nos dijo que no le traería grandes problemas, un poco apretados comenzamos la ruta. Dejamos atrás la ciudad y comenzamos a introducirnos en las impresionantes montañas de los Cárpatos, a través de sus sinuosas carreteras. Durante el camino, el taxista nos comentó algunas historias sobre los famosos osos que deambulaban en libertad por estas montañas, y es que más de una vez se les ha visto revolviendo en los contenedores de los pueblos cercanos e incluso, se dio algún episodio de montañistas perdidos que acabó en tragedia. No obstante, si os dejáis ver por estos lares no os preocupéis, desde hace relativamente poco, el gobierno rumano ha cercado estos parajes para no permitir que estos curiosos mamíferos abandonen de su hábitat.

Muy cercano a la ciudad de Sinaia se encuentra el palacio de Peles, la cual fue nuestra primera parada. El precio de entrada ronda los 5 euros y en mi caso este se redujo gracias a que soy estudiante y poseo el carnet universitario, así que si lo tenéis u os hacéis con él, no dudéis en mostrarlo en la entrada.

Un poco antes de acceder al recinto, hicimos un pequeño inciso para tomar unos cafés “calentitos”, acompañados de unos deliciosos dulces.

Este lugar fue construido a finales del siglo XIX y fue residencia de verano para los reyes. Algo que le hizo destacar es que fue el primer edificio europeo en tener ascensor y electricidad propia. Novedades técnicas a parte al visitante lo que verdaderamente le impresiona es el increíble interior, decorado a base de madera, vidrieras y un sinfín de objetos armamentísticos que hacen de esta una de las colecciones de armas más grandes en Europa. Cuando terminamos la visita estuvimos paseando por los jardines, los cuales estabandecorados por el blanco de la nieve y desde donde además, se divisaba de nuevo, el fantástico paisaje alpino que ofrece la cadena montañosa cárpata.

Tomamos las fotografías de rigor y proseguimos hacia el seguramente lugar más visitado y sobrevalorado de Rumanía, el castillo de Bran o popularmente conocido como, de Drácula.

El paisaje a cada kilómetro que avanzábamos se hacía más admirable, y de repente, un valle se abrió ante nosotros al cruzar un paso de montaña, allí nos vimos, metidos en el centro de una inmensa llanura rodeada a lo lejos por unas altas elevaciones que desde la lejanía quedaban empequeñecidas.

El campo nevado se veía salpicado por decenas de casas hechas de madera y pintadas de diversos colores, y al fondo de una de las villas sobre una peña,  se alzaba la fortaleza de Vlad Draculea o Drácula.

Este conocido personaje histórico ha favorecido mucho la economía de Bran y sus alrededores, debido principalmente a la novela de Stocker. Sin embargo,  seguramente este sanguinario señor no vivió aquí, sino que tan sólo fue apresado en una de las mazmorras. El lugar donde seguramente habitó el conde pudo ser la ciudadela de Poenari y fue allí donde realizó sus escalofriantes asesinatos y torturas hacia sus enemigos.

Como eran las dos de la tarde, fuimos primero a llenar nuestros estómagos, y que mejor que probar la gastronomía local. Huevos con polenta y queso, pollo con verduras, cerdo, sopas… Y para terminar un buen tazón de chocolate caliente.

Cuidadosamente, ascendimos por la cuesta que llevaba al castillo y tras algún susto por culpa del hielo, llegamos a la entrada. Las estancias de este castillo son mucho más austeras que las del anterior, sin embargo las vistas y su patio central bien merecen la pena ser admirados. Personalmente, me decepcionó un poco su interior y si mal no recuerdo, el precio de entrada a este fue un poco más elevado que el de Peles (6-7 euros sin descuento de estudiante).

Velozmente, tuvimos que coger de nuevo el taxi para ir al último punto de la ruta, el castillo de Rasnov. Desafortunadamente, cuando llegamos alrededor de las 17:00 de la tarde, el tren que te subía arriba ya iba a dar su último viaje y el castillo cerraría al cabo de poco tiempo. Al parecer, lo que mejor de la fortaleza son sus vistas, y como ya además había oscurecido, pensamos en que lo mejor sería retornar a Brasov para hacernos con los billetes de tren de nuestro siguiente destino, Sighisoara.

En la estación central de Brasov nos hicimos con los “tickets” que usaríamos para el día siguiente con destino a la villa de Sighisoara, mi lugar favorito de todo el viaje y el que más nos sorprendió. El precio del viaje en tren ronda los 4-7 euros, dependiendo del horario que elijáis. Nosotros tomamos el tren a primera hora de la mañana, en un ferrocarril  cuyo destino final era una ciudad llamada Satu Mare. Normalmente, la parada final no es Sighisoara asi que debéis estar atentos, aunque os daré más detalles acerca de este tema en el siguiente post…

Con motivo de nuestra última noche en Brasov pensamos en ir a tomar unas cervezas y cenar en un restaurante en el que preparaban variedad de platos tradicionales, su nombre es “Sergiana”. La cena fue buena, abundante y el precio bastante correcto. Si os podéis dar el capricho no paséis por alto este restaurante a mitad de camino entre el centro viejo y el ensanche de la localidad.

Aquel día nos dejó un tanto trastocados por lo cual, optamos por irnos de vuelta al alojamiento con el objetivo de, descansar y estar en perfecto estado para el día siguiente.

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